Desde su estreno el pasado 2 de Octubre, Emily en París se ha convertido rápidamente en una de las series más vistas de Netflix. La nueva propuesta de Darren Star, creador de shows como Sex & the City, Beverly Hills 90210 y Melrose Place, entre otros, y protagonizada por Lily Collins, llega en el momento perfecto para hacernos soñar y escapar, aunque sea por un corto período de tiempo, de todo el caos exterior que estamos viviendo, y eso se agradece.

Creo que Emily en París es de esas series que entran en la categoría de «o la amas, o la odias», no hay punto medio. En mi caso la amé y les contaré el porqué. Comencé a verla el viernes pasada la medianoche, y no paré hasta que la terminé. ¿Es el mejor show que he visto últimamente? Claramente no. ¿Está lleno de clichés? Por supuesto que sí. ¿Es predecible? Definitivamente, pero lo cierto es que desde el primer capítulo te engancha, además de que pude conectar fácilmente con Emily al sentirme identificada con muchas de las situaciones que ella vive al llegar a París, lo que me sacó más de alguna sonrisa. Es una serie liviana y fácil de ver, ya que son solo 10 episodios de menos de 30 minutos cada uno, con personajes divertidos, una historia sencilla pero  a la vez dinámica, entretenida, con mucho humor y uno que otro drama, lo que la convierte en la perfecta dosis de escapismo que necesitamos de este año tan extraño y caótico que pareciera superar cualquier ficción.

La historia se centra en Emily Cooper, una veinteañera estadounidense ingeniosa, optimista y llena de energía, que trabaja en una agencia de marketing en Chicago. Debido a que su empresa decide ampliar su portafolio internacional, compra una agencia francesa llamada Savoir, que se dedica a comercializar perfumes, coñac, y alta costura. Su jefa Madeline, quien siempre soñó con mudarse a París, dejará su actual puesto para ser la nueva directora de marketing en Francia, por lo que Emily tomará su lugar en Chicago. Pero, poco antes de que Madeline viaje descubre que está embarazada, razón por la cual termina rechazando su nuevo trabajo en París, lo que hace que la agencia decida enviar a Emily en su lugar, quien a pesar de no saber nada de francés acepta este nuevo reto.

Es así como Emily se embarca en esta cautivadora aventura, donde todo lo que la rodea es nuevo. Desde el momento en que llega a París, empieza a experimentar muchos choques culturales, algo que todos los que hemos vivido o vivimos en el extranjero hemos experimentado de una u otra forma, y creo que en este caso la barrera del idioma es uno de los más importantes. Pero eso no es todo, durante los 10 capítulos veremos a Emily fallar y triunfar en su nuevo trabajo, enamorarse de la ciudad (e intentar adaptarse a ella), hacer nuevas amistades, disfrutar de lo maravilloso que es comerse un pan de chocolate en Francia, beber mucho vino y champagne, y tal vez, encontrar algo parecido al amor.

Así que si aún no la han visto y quieren hacerlo, les recomiendo tener junto a ustedes una botella de vino o espumante, ya que créanme, se tentarán y querrán disfrutar de algunas copas también.


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